Ya no sé si son tus ojos,
tus mejillas o el aroma de tu pelo.
Aroma a viento, a libertad
y no a la urbe de egoismo y rascacielos.
Cuando pienso en tantos diablos que me olvido del primero,
pocas cosas me deprimen tanto como ser sincero.
Poco a poco los escombros muestran fallos en mi ego
pero no me quema el fuego si lo escribo y me congelo.

Que los que más me hieren son también los que más quiero,
para el resto guardo trazos, bocetos que ya ni quiero.
La esperanza va y viene, en la balanza faltan pesos,
si no los he conseguido para qué quiero yo eso.

Si la justicia no es astuta, se disfruta,
por no verse reflejado en una realidad tan cruda
yo prefiero saberlo todo si dudo de lo que agobia,
si hace falta ser persona, moriré para la historia.

Por mucho que cambie el mundo lo perfecto es tan utópico,
una mente tan corriente ante un paisaje tan ilógico,
me muestra que tan arriba se debe de estar caliente,
me demuestra que me obligo a reir por ser diferente.

Puedo tener para ti un secreto, pero es mío.
Por un beso te hago un guiño, mañana otro y te lo explico.
Si conozco tantos prados no será porque he viajado,
más bien lucho en mi interior, por no hacerlo tan pesado.

Por hacerlo tan pensado en el pasado fui encerrado,
ahora sólo vivo a un ritmo un tanto más acelerado,
a excepción de esta noche con la tinta y su derroche,
quedate tu en aquel sitio por si aún vuelvo a buscarte...
Desde el día en que mi musa es fuente de filosofía,
la verdad es que tu eres todo cuando todo es lejanía
y madre mía, vida mía ya no quiere llantos,
entre tanto las lágrimas me acompañan en silencio...
Un argumento, del más recto camino,
me habla de las métricas que yo siempre domino,
atino en el centro de la diana en la mañana
y la ventana siempre llena da esperanzas a este necio.

¡Ay! consuelo, que te quiero, ¡Ay! consuelo, que te quiero,
y me cago en la puta de oros, siempre acabo por los suelos
de este enorme coliseo, mi habitación es un templo,
tengo un camino confuso y un hermano como ejemplo,
que no os miento mis oyentes, ya no bebo agua de fuentes,
desde el día en que juzgué al inconsciente equivocadamente...
soy un astro omnipresente...

Y de repente, atajos malvinieron,
los demonios me maldicieron por ser peor que ellos,
como oís, peor que ellos,
ya no puedo vivir más si con ello me querello,
me devuelvo a mi agujero...