Cada vez que las estrellas
caen disfrazadas de sueños,
vuelvo a ser aquel pequeño
imán que atrae cada una de ellas.

Sumergido en aventuras,
irreales a mi pesar,
pero con ellas disfrutar
se hace posible con censura.

La vuelta a vuestro mundo
resulta ser decepcionante,
y un llanto deambulante
me devuelve al inframundo.

Dichoso es el dilema
entre realidad y sueños,
algún día no tendré dueños
y ambos serán mi emblema.
Cuando estoy solo y palabras a mi corazón invoco,
cuando acabo mis paseos y en el Ebro desemboco,
no comprenden que estoy loco...